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Porque Del baúl Sabio..

Este
sitio es un compilado de notas, apuntes, blocks, cuadernos y libros que he
guardado en un baúl, lugar donde se encuentra concentrada toda mi formación
terapéutica en cuestiones de terapias
complementarias.

Mi intención, no es
realizar escritos con orientación pedagógica, sino despertar incógnitas y
realizar conclusiones de todas las experiencias vividas junto a aquellos que han
compartido un encuentro terapéutico.


Si alguien lo lee, se siente identificado, le genera
preguntas, curiosidad, inquietud y busca respuestas...



Misión cumplida...

viernes, 29 de noviembre de 2013

Aspen

Aspen es una flor muy miedosa. Delicada y vulnerable siempre está alerta a cualquier ruido, sombra o cosa extraña que aparezca en la atmósfera.

Sus amigas siempre le preguntan por qué tiene tanto miedo y ella no sabe responder, no sabe definir su temor. Pero Aspen siente que cuando va caminando por la calle “alguien” pueda seguirla; o cuando llegue a la casa y prenda la luz “alguien” puede acecharla dentro. O tal vez en una fría y lluviosa noche oscura algún personaje fantasmagórico interceda su camino y la secuestre dejándola sin aliento hasta que quede desvanecida sola y desamparada en un callejón sin salida.

Aspen en la mayoría de las ocasiones quisiera transformase en la florcita que “no ve, no escucha y no habla” para evitar que le suden las manos, se le pongan los “pelos de punta” y escuchar voces extrañas. Es muy susceptible a influencias externas, a lo que dicen y a lo que ocurre a su entorno.



Una noche, llegó muy cansada a su hogar, se desplomó en el sillón de brocado floreado y quedó profundamente dormida. El sillón se encontraba a lado de una ventana que estaba abierta, ya que era una cálida noche de verano. Las cortinas de tela de voile danzaban al compás de la brisa fresca que ingresaba a la casa, rozaba la delicada y transparente piel de Aspen, pero ella dormida, creyó que una gruñona señorona venía en su búsqueda. ¡Era una pesadilla! Aspen se levantó, abrió la puerta de su casa y corrió, corrió sin saber a dónde ir. Cansada y sin aliento sentía que las fuerzas se debilitaban, hasta que cayó tendida abrazada a un troco del Álamo Temblón. Entre sueños y susurros pensó...”yo no creo en las brujas pero que las hay…las hay”. Y así se durmió y pasó la noche debajo de la copa del Álamo.

Durante toda la noche, el rocío cubrió su cuerpo y la llenó de luz. Sintió como una paz envolvente la protegía y pudo luego de mucho tiempo sentir que la paz y el coraje eran parte de ella. Al despertarse, miró la copa del árbol, le agradeció por la protección y con una sonrisa totalmente renovada, se puso de pie y volvió a su hogar. El Álamo la miró y le dijo: “Hay un viejo proverbio chino que dice: - “El miedo golpeó la puerta,  la fe abrió y no había nadie…”

Renacía una Aspen nueva a la Vida.

                                    Esta es la energía de Aspen…